Desde hace varios días, excavadoras y martillos mecánicos trabajan sin pausa sobre los viejos muros de ladrillo que durante más de un siglo se alzaron frente a la estación del tren. Lo que alguna vez fue la fábrica de cerveza Bieckert, una de las postales más reconocidas del ramal Ezeiza del Roca, está siendo demolida.
El predio, visible para miles de pasajeros que a diario viajan entre Constitución y Ezeiza, perdió hace tiempo su función original. Lo que alguna vez fue la planta cervecera más antigua del país —inaugurada en 1908— había quedado reducido a un depósito en los últimos años. Sin embargo, su silueta seguía marcando el paisaje del barrio. Sobre todo aquella chimenea alta que asomaba por encima de los techos y que muchos vecinos usaban como referencia para saber que llegaban a Llavallol.

Las tareas de demolición comenzaron sin previo aviso y hasta el momento no hay información oficial sobre el futuro del terreno. tampoco trascendieron detalles sobre posibles nuevos emprendimientos. Para quienes crecieron en el sur del Conurbano, la vieja cervecería era mucho más que una construcción abandonada. Era el vestigio de una industria que supo dar trabajo a generaciones, y también un compañero de viaje para los estudiantes y trabajadores que cada día miraban por la ventana del tren.
El avance de la demolición genera opiniones divididas. Unos señalan que el abandono prolongado hacía inevitable el desenlace. Otros lamentan la pérdida de un patrimonio que, con planificación, podría haber tenido otro destino.

